Con el acelerado ritmo de vida moderno al que estamos acostumbrados, es necesario que de vez en cuando nos detengamos para mirar atrás, a un pasado más
simple y a nuestros ancestros para que comprendamos quiénes somos y hacia dónde
vamos. Es así que el domingo 06 de agosto del 2017, el Centro Yanapanakusun
organizó un paseo al complejo arqueológico de Sillustani, conocido a nivel
mundial por el misterio que rodean sus imponentes chullpas.
En una península de la laguna Umayo, a 33 km de la ciudad
Puno, se encuentra el sitio arqueológico de Sillustani, un cementerio donde se
pueden ver una serie de impresionantes tumbas pertenecientes a la cultura Kolla
(1200 - 1450) que se desarrolló en la parte norte de la laguna, en la localidad
conocida como Hatuncolla.
A fin de conocer, analizar y valorar las diferentes expresiones
de nuestra historia a través de visitar zonas
monumentales pertenecientes a reinos pre
incas, se pretende fortalecer la identidad cultural conociendo muestras raíces,
es que 51 niños de las cultura de Orkapata y Salcedo, junto con las profesoras
Marilú Arizábal, Liliana Puma y Bertha Maron; las voluntarias Elena Winkel y
Paula Fisher así como madres de familia, emprendieron esta excursión en uno de
los más grandes vestigios de lo que alguna vez fue las culturas Aymara y Kolla.
CRÓNICA DEL VIAJE
A primeras horas de la mañana, los niños, niñas y adolescentes
del Centro Yanapanakusun junto con las profesoras fueron llegando al lugar de concentración,
ansiosos y contentos de iniciar esta nueva aventura en Sillustani, uno de los
principales atractivos turísticos de Puno. Muchos confesaron nunca haber
visitado la ruina arqueológica y los otros, que si la conocían, contaban
animosos cada detalle de este mágico lugar. Fue así que la emoción, sobre todo
de los más pequeños, era casi incontenible por llegar pronto.
Luego de arribar en el complejo Arqueológico de Sillustani y
separar a los niños en grupos bajo el cuidado de una profesora para garantizar
su bienestar y aclarar las normas correspondientes al paseo: No llevar
alimentos al complejo, no separarse del grupo, no entrar a las chullpas ni
escalar las piedras, no molestar a los animales y divertirse mucho, se pusieron
en marcha.
Transitando primero por el poblado de Hatuncolla, la
exquisita artesanía lugareña no pasó desapercibida a los ojos de los muchachos:
ropa, suvenires y joyería era exhibida en la puerta de cada hogar junto con la
gentileza de los pobladores. Por otro lado, la belleza natural de la laguna Umayo
que rodea la península destacó por la pureza de sus aguas y el asombroso
paisaje. Nadie quería perder la oportunidad de fotografiarse junto a sus amigos
con este precioso fondo paradisíaco.
Tras casi 15 minutos de caminata por las callejuelas rústicas,
por fin llegó el verdadero reto: subir la meseta para llegar a la necrópolis Kolla.
Para las docentes y madres de familia que acompañaron en el viaje, el desafío
fue duro, pero para los pequeños, caracterizados por su agilidad de cuyes
andinos, llegar a la cima fue apenas un juego.
Al alcanzar la entrada al cementerio kolla es imposible
ignorar las gigantescas construcciones mortuorias conocidas como “chullpas”.
Edificaciones de piedra talladas en forma de cono invertido donde los antiguos
moradores del altiplano enterraban a sus autoridades en posición fetal y junto
a sus riquezas, con las entradas mirando hacia la salida del sol, preparados
así para despertar en la siguiente vida.
De inmediato las preguntas no dejaron de llover: ¿Qué
significa Sillustani? ¿Cómo se llama la laguna? ¿Cómo hicieron las chullpas? ¿Aún
hay momias aquí? ¿Hay animalitos?
“Sillustani viene de dos vocablos aymaras: Sillus, que
significa uña y tani, que se refiere a resbaladero. Se cree que se llama así porque
en las ranuras de la piedras que componen las chullpas, no entra ni una uña”, explicó
Marilú Arizabal, maestra del Centro Yanapanakusun. “Pero tani también quiere
decir forma. Toda esta zona geográfica tiene la forma de una uña. Umayo, por
otro lado, viene de las palabras quechua uma, o cabeza y mayo, que significa
río. Esta laguna da origen a un río”.
Cerca del mediodía, perezosos y hambrientos por el calor y
el esfuerzo físico, se descendió de Sillustani para volver a Hatuncolla: La
hora del almuerzo había llegado. En la playa de estacionamiento del lugar había
un pequeño parque ideal para un día de campo. Con sus respectivos refrigerios,
se formaron grupos de amigos listos para disfrutar de la comida.

Fue entonces que el valor de la solidaridad salió a relucir
cuando alguno de los muchachos olvidaron traer sus alimentos y, guiados por el
ejemplo de la profesora Bertha Marón, sus compañeros les invitaron porciones de
sus refrigerios de forma tal que todos pudieron quedar saciados. Ya satisfechos y
en la parte amarga de la excursión, las voluntarias Paula Fisher y Elena
Winkels anunciaron su retorno a su tierra natal, Alemania. A los más pequeños,
la noticia no les hizo nada de gracia e inmediatamente manifestaron su descontento
pero pronto comprendieron que las cosas debían ser de ese modo. Con una promesa
de regresar algún día, las señoritas invitaron un delicioso postre alemán:
torta de plátano y chocolate.
Nadie estaba listo para irse todavía: lo más grandes sacaron
pelotas y se armaron los grupos para jugar y rematar de esta alegre forma la travesía
compartida.
Pasando las dos de la tarde, llegó el momento de retornar a
Puno, no hubo objeción al encontrarse la gran mayoría exhaustos y listo para
regresar a su hogar llevando consigo el bonito recuerdo y grandes enseñanzas
sobre nuestro pasado andino.
Sin duda, la estrella del viaje fue “la Chullpa del Lagarto”,
pues los niños afirmaban que había sido lo que más les gustó de la excursión;
tanto por su gran tamaño de 12 metros como por su rareza.
¡Definitivamente un paseo así debe repetirse pronto!